A mí el boli me parecía una cosa muy práctica. De residente, un médico de mi servicio despertó mi interés por las plumas y llegué a tener tres. Una me la robaron (Waterman), otra era mala (Schaefer), y ésta. No falla. Escribe bien.
Me llama la atención la cantidad de bolis desechables que he evitado tirar. Evito el despilfarro de plástico y la contaminación, porque en teoría no se puede echar el boli gastado al contenedor amarillo. Me basta con comprar un frasco de tinta cada 6 meses o así.
Está bien volver a soluciones de baja tecnología, que se apoyan en la reutilización de los recursos, en vez del usar y tirar. Esta pluma puede seguir funcionando durante otros 10 años perfectamente, evitando así la compra de al menos un kilo de plástico, partes de metal, etc.
Hombre, tiene algún inconveniente como el riesgo de manchas, pero eso es igual que el boli. Y no se puede prestar, lo cual alarga su vida.
Otra cosa que he hecho es comprar una barra de jabón de afeitado y una brocha. El afeitado es igual, o mejor, y tardo lo mismo que antes. La ventaja: ocupa menos, pesa menos, y sobre todo no supone un despilfarro de aluminio en el bote que se desecha. Los botes de aerosol son de aluminio, y éste es el metal que más electricidad consume para su elaboración (¿una tonelada de petróleo por kg?).
No he notado la pérdida de la publicidad de “comodidad, rapidez, placer, etc….” Chorradas. Así que, en esto de la técnica, a veces todo paso atrás es uno adelante. Prepárate, Guillermito Puertas.