jueves, 25 de junio de 2009

Pues hace falta ser impresentable

Yo he sido un Apple maniaco, incluso me compré un Mac por el astronómico precio de ¡200.000 pesetas hace más de 10 años! ¿quién pagaría hoy 1200 euros por un ordenador básico, sin webcam, ni DVD grabador, ni, ni...
Apple siempre ha sido una gran empresa. Ahora bien, lo que se lee en este artículo es que su jefe y fundador, Steve Jobs es un impresentable de marca mayor, que agobia y mete miedo a sus trabajadores, a los proveedores y a quien se ponga por delante. Que acogota a los proveedores y les hace arreglar problemas que él mismo ha creado, bajo amenazas de perder el contrato, el trabajo y al final la empresa. Ahora está enfermo, le han tenido que hacer un trasplante de hígado.
Para luego ir de guay y hablar de las necesidades de las personas y tal y tal. Para que luego digan que el éxito depende de las buenas ideas, del capitalismo como sistema que potencia el talento... y a los cabrones.
Qué asco. Bueno, al menos no tengo ni iPhone ni iMac ni iBook. UF
Por cierto, Steve: mejórate, anda. En todos los sentidos.

Volvemos a las andadas: más de lo mismo en los bancos de la City


Tras el desastre bancario que se ha llevado miles de empleos por delante (los millones del contibuyente también, pero eso sería lo de menos si los empleos se mantienen) , parecía que las autoridades financieras iban a poner coto a los desmanes de los directivos de la banca.


Como muchos suponíamos, no ha sido así, sino que menos de un año después del desastre, las nacionalizaciones, rescates, cumbres del G8, g20 o g30, la City vuelve por donde solía: indemnizaciones millonarias, bonos por resultados en bolsa, etc etc.


Da igual lo que se diga, estos sinvergüenzas hacen lo que quieren. Y encima, aunque el accionariado sea mayormente público, ni prestan, ni apoyan las energías alternativas, ni....


Para que luego se les llene la boca con la responsabilidad social corporativa, o aquello de que el capitalismo se regula por sí solo o aquel oximoron de que la codicia es buena (¿cómo va a ser bueno un pecado capital, pendejo?)

martes, 16 de junio de 2009

El Sr Obama y los derechos humanos

El Sr. Barak Hussein Obama, presidente de los Estados Unidos de América (USA) es uno de los hombres más poderosos del planeta. Sus decisiones tienen influencia en todo el mundo, no sólo por su poder para llevarlas acabo, sino por el valor simbólico que ejerce el liderazgo norteamericano sobre todos los países. Por ello, los Derechos Humanos son un ámbito en el que la política norteamericana tiene mucho que decir, en particular en estos momentos de crisis global.

La situación no es halagüeña, pues durante el mandato de George W. Bush el estado de los Derechos Humanos en el mundo ha empeorado. Bajo la bandera de la libertad y la lucha contra el terrorismo islamista, Bush desencadenó una verdadera campaña contra los Derechos Humanos. En ella se han empleado todas las armas existentes: la propaganda, el apoyo más o menos velado a regímenes dictatoriales, el espionaje de las comunicaciones, el control de los movimientos de disidencia, la tortura y la guerra. Más aún: si los USA no se atrevían a torturar a un prisionero, se encargaba a un país con menos escrúpulos. Con los hechos, se ha afirmado que violar los Derechos Humanos es gratis, e incluso provechoso. Tortura, que algo queda. La retórica de defensa de la democracia contra el enemigo terrorista, en el fondo, no era más que una pantalla para defender intereses geoestratégicos y económicos.

En este contexto, la llegada de un político de la talla de Obama ha causado una expectación sin precedentes. Pero tendrá que resolver la situación creada por su antecesor si quiere sustanciar su promesa de cambio y devolver el prestigio perdido a los USA. La situación no es fácil, porque como siempre las “razones de estado” quieren imponerse sobre la vida de las víctimas.

Al llegar a la presidencia, Obama dio la orden de cerrar la prisión de Guantánamo, donde muchos prisioneros llevan más de seis años encarcelados sin juicio, en condiciones inhumanas. Muchos eran menores al ser detenidos, con frecuencia arbitrariamente. Sin embargo, para desmontar esa prisión Obama ha tenido que recurrir a países terceros que acojan a estos presos. Situación parecida sufren los detenidos en Bagram, a quienes el Departamento de Justicia norteamericano niega el derecho a defenderse en los tribunales norteamericanos.

Obama ha afirmado que se investigarán las acusaciones contra la CIA por torturas, pero ha encontrado resistencias hasta en su propio partido. Es decir, sigue primando el falso patriotismo, la defensa de los “nuestros” y la “obediencia debida” sobre el respeto a la ley. Los fines justifican los medios, por infames que sean esos medios o los propios fines. Las continuadas declaraciones en este sentido de Dick Chenney, ya fuera de su cargo, lo confirman.

Por tanto, Obama debiera aclarar al mundo, y sobre todo a su país, cuál va a ser la postura oficial de los USA en Derechos Humanos, y obrar en consecuencia. Su reciente discurso, buscando el diálogo con el Islam vuelve a dar alas a la esperanza, pero una vez más necesitará llenar con hechos el edificio creado con palabras.

Obama debería integrar a su país en la corriente internacional del Derecho, lo que hasta ahora los USA han hecho a regañadientes, o boicoteado abiertamente. Un paso clave sería aceptar la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional, superando sus tradicionales prejuicios contra autoridades internacionales.

No se trata de dejar impune el terrorismo, sino de combatirlo con la ley en la mano. Así, los USA deberán juzgar a todos sus prisioneros acusados de terrorismo, en cualquier lugar de detención. Deberán liberar a los presos contra los que no existen cargos, y compensar a los detenidos injustamente. Deberán abandonar las entregas de prisioneros a países donde se violan los derechos humanos. Deberán dejar de apoyar a dictadores, por coincidentes que los intereses de sus gobiernos puedan parecer con los norteamericanos en un momento dado. Se trata de introducir un mínimo de decencia en el contexto internacional para que los más débiles puedan sobrevivir.

La clave está en combatir la pobreza y fomentar la democracia y, a la vez aislar a los gobiernos que no respetan los Derechos Humanos. Mal podemos hablar de libertad en Nigeria o Guinea Ecuatorial cuando la esperanza de vida no pasa de los cuarenta años, mientras que sus gobiernos expolian los recursos naturales y se embolsan los rendimientos. Difícilmente desaparecerá el apoyo popular a los movimientos extremistas, como Hamas, si la desesperación y los petrodólares siguen empujando a las masas populares hacia sus redes. Mientras actuaciones vergonzosas, como el muro de Cisjordania sigan humillando a miles de personas. Y menos aún si la respuesta al descontento es la opresión, la tortura y la guerra.

La crisis económica internacional no debiera ser un obstáculo para trabajar activamente por los Derechos Humanos, sino todo lo contrario. La crisis, entendida como oportunidad, debiera ayudarnos, por ejemplo, a superar la dependencia petrolera, que hace ricos a países enemigos de la libertad como Arabia Saudita o Irán. La salida de la crisis debiera pasar por mejorar el nivel de vida de los más empobrecidos, y a la vez frenar el deterioro medioambiental, que causa tantos daños como la guerra. Debiera aparecer un orden fiscal internacional más justo, clausurando los paraísos fiscales donde los dictadores guardan sus fortunas, y poniendo coto a la impunidad de las empresas transnacionales cuando éstas toman decisiones que deterioran la vida de millones de personas.

Evidentemente, esto no lo puede hacer Obama solo. En el mundo existen otras potencias, con visiones distintas y con frecuencia opuestas. Pero su liderazgo, ejercido de manera consciente, y consecuente, será decisivo para la postura que otros muchos países adopten en materia de Derechos Humanos y en su maduración democrática. Obama sabe, sin duda, que el mejor remedio para evitar la violencia es eliminar sus raíces de odio, ignorancia y miseria. Si aplica su liderazgo a estos fines, será un paso de gigante para la Humanidad, y sobre todo para su propio país. Esperemos que lo consiga.

lunes, 2 de febrero de 2009

Federico Mayor Zaragoza es un hombre liberal, simpático, sincero. Dice lo que sigue, y como está muy bien no lo voy a tocar. Publicado en El país hoy mismo



El presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson, al finalizar la I Guerra Mundial, decidió, en el mes de diciembre de 1918, que el horror de la guerra que acababa de terminar no debería volver a producirse, y estableció, en el Convenio para la paz permanente, la Sociedad de Naciones. Su objetivo: "un nuevo orden basado en el dominio de la ley fundada en el consentimiento de los gobernados y apoyada por la opinión organizada de la humanidad".
ONU(Organización de las Naciones Unidas)
A FONDO
Sede:
Nueva York (Estados Unidos)
Directivo:
Ban Ki-moon(Secretario General)
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En la nueva ONU deben estar representados no sólo Estados, también la sociedad civil
Al nombrar a Susan Rice, Obama se ha declarado partidario del multilateralismo
Por desgracia, prevaleció, debido a la presión de los productores de armamento, el secular adagio que establece que "si quieres la paz, prepara la guerra". Y llegó la II Guerra Mundial, al término de la cual el presidente Franklin D. Roosevelt diseñó un sistema multilateral, las Naciones Unidas, fundadas en San Francisco en 1945. El Sistema de las Naciones Unidas comprende, para secundar las actividades propias de la ONU, relativas a la seguridad internacional, otras organizaciones especializadas en el trabajo (OIT), la salud (OMS), la alimentación (FAO), la educación, la ciencia y la cultura (UNESCO)... También programas y fondos relativos al desarrollo (PNUD), la infancia (UNICEF), etcétera.
Pero los Estados más fuertes y prósperos pronto comenzaron a recelar de este sistema de cooperación y coordinación internacional, y sustituyeron por préstamos las ayudas al desarrollo, marginaron progresivamente a las diversas instituciones del Sistema de Naciones Unidas y, lo que es mucho más grave, sustituyeron los valores que debían guiar la gobernación internacional (los "principios democráticos" tan bien establecidos en la Constitución de la UNESCO y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos) por las leyes del mercado.
Y los más ricos se asociaron en grupos (G-7, G-8) sustituyendo la democracia que representa el multilateralismo por una plutocracia, convirtiendo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ("¡para la reconstrucción y el desarrollo!") en instrumentos de sus políticas económicas y situando a la Organización Internacional del Comercio (OIC), en los años noventa, directamente fuera del ámbito del Sistema de las Naciones Unidas.
Al término de la guerra fría todo el mundo esperaba una reforma profunda de las Naciones Unidas para la democratización de las relaciones internacionales, y esperaba asimismo que los "dividendos de la paz" redujeran las asimetrías sociales y favorecieran, por fin, el desarrollo endógeno de los países más necesitados. No fue así y, desde el principio de la década de los noventa, el predominio de los países más ricos ha impuesto la "globalización" con la creación y aumento de grandes consorcios empresariales multinacionales, limitándose el poder -y hasta las responsabilidades- de los Estados, con considerables
desgarros en el tejido social, fomentándose la aparición de caldos de cultivo de frustración, radicalización y animadversión, que han conducido frecuentemente al empleo de la violencia y a grandes flujos de emigrantes desesperanzados. Como era previsible, han arrastrado al mundo a una situación de crisis profunda en la que aparece como único asidero el multilateralismo para enderezar las tendencias actuales.
En consecuencia, es urgente una reunión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas para establecer los principales criterios que podrían conducir a su renovación en profundidad, dotándola de la autoridad moral y política que son imprescindibles para hacer frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo y de la capacidad de disponer de los recursos personales, financieros, técnicos y, cuando fuera preciso, militares, para el ejercicio de sus funciones a escala mundial. Funcionando de manera bien coordinada, el conjunto del Sistema de las Naciones Unidas, permitiría la prevención de conflictos; la resolución pacífica de los mismos, cuando se presentaran; el establecimiento, mantenimiento y consolidación de la paz; el desarme; hacer frente conjuntamente al terrorismo internacional y a la delincuencia transnacional... al tiempo que se emplearía en resolver, como consecuencia del diálogo y acuerdo a escala mundial, las grandes cuestiones de las que depende, en su conjunto, la calidad de vida de todos los habitantes de la tierra.
"Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra". Así se inicia la Carta de las Naciones Unidas. Esta formulación, bien interpretada, no precisa cambio alguno. La representación no debería seguir siendo tan sólo de Estados -en contra de lo que establece la Carta- sino que sería imprescindible que junto a los mismos existieran representaciones de la sociedad civil (organizaciones no gubernamentales, intergubernamentales, instituciones regionales, asociaciones de ciudades, empresariales, etcétera).
En esa ONU refundada, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial cumplirían, junto con la Organización Mundial del Comercio -que ya sería institución propia del sistema- sus funciones originales, para procurar el desarrollo global que podría, en pocos años, mejorar sustancialmente el panorama a escala planetaria. El Consejo de Seguridad constaría, como emanación directa de la Asamblea General, con representantes permanentes y proporcionalidad de influencia en la adopción de decisiones, pero sin derecho al veto, para abordar los distintos temas principales: seguridad humana, con la misión fundamental de "evitar la guerra"; seguridad económica y social, propuesta hace tiempo por Jacques Delors, con la revitalización del ECOSOC, que durante años ha tratado casi exclusivamente temas económicos dando escasísimo espacio a lo social, y seguridad medioambiental.
Sólo de este modo será posible eliminar (llevando a los transgresores ante los tribunales) los tráficos de toda índole (de armas, de drogas, de capitales, de personas), procediendo al cierre inmediato de los paraísos fiscales, acción que sólo puede llevarse a cabo con el respaldo de unas Naciones Unidas dotadas de la autoridad y los medios apropiados.
"No había medios" para el fondo contra el sida ni para la erradicación del hambre y la pobreza, y, de pronto, hay centenares de miles de millones para "rescatar" a los mismos (personas e instituciones) que condujeron al mundo a la dificilísima situación que atravesamos. Ahora corresponde "rescatar" a la gente, empezando por la erradicación de la pobreza mediante un gran Plan de Desarrollo Global.
La acción coordinada de las Naciones Unidas permitiría también la disponibilidad de los recursos personales, técnicos y humanitarios adecuados para asistir en las catástrofes naturales o producidas por el hombre (a este respecto se ha propuesto la existencia de los cascos rojos para desplazarse rápidamente a los lugares donde su presencia sea más necesaria).
El denominado "derecho a la injerencia", incluido cuando se habla de crisis "humanitaria", no expresa acertadamente lo que debe considerarse un deber de la Comunidad Internacional: evitar el genocidio, el sufrimiento inacabable, la humillación, la tortura... En 1996 un grupo de trabajo de la UNESCO, que incluía a Bernard Kouchner y Karel Vasak, propuso que los cascos azules se "interpusieran" en dos situaciones: masiva y fehaciente violación de los derechos humanos (casos de Cambodia y Ruanda) e inexistencia de representación del Estado (como en Somalia, fragmentado el poder entre señores de la guerra). Las Naciones Unidas no pueden permitir en lo sucesivo escándalos de esta naturaleza, que afectan gravemente a la conciencia colectiva.
Es preciso refundar unas Naciones Unidas que permitan, como establecieron en 1945, tener en cuenta a las generaciones venideras. Tener presentes, muy presentes -frente a quienes tratan de subestimarlos e incluso denigrarlos- los movimientos juveniles de 1968 y los del año 2008 en Grecia. No son conflictos universitarios sino sociales.
"Nosotros, los pueblos", en lugar de "preparar la guerra", vamos a construir la paz cotidianamente con nuestro comportamiento, con la plena implicación de la sociedad civil que reclama, con urgencia, garantías de pautas democráticas y eficientes a escala global.
Al nombrar a la señora Susan Rice como embajadora ante las Naciones Unidas, directamente bajo su autoridad, el presidente Obama ha querido claramente indicar su determinación de favorecer el multilateralismo como una parte relevante del "nuevo amanecer", según sus propias palabras, del pueblo norteamericano y del mundo entero. ¡Juntos, podemos!

martes, 25 de noviembre de 2008

Con la que está cayendo...

Con la que está cayendo, y este blog abandonado y solitario. Con la de cosas que están sucediendo.

Lo malo es que muchas son malas, y las semillas de esperanza que encierran son todavía tan frágiles que resulta difícil confiar en ellas.



En todo caso, la verdadera cara del capitalismo salvaje, es decir, sin ataduras, sin remedio, sin freno, la representa Bush: un tipo inculto, que comete atropellos contra la lengua cada vez que habla, y que cuando actúa lo hace con brutalidad, ignorancia, desprecio, estupidez y sobre todo avaricia, codicia y rapiña. Al servicio siempre de los plutócratas y polutócratas (palabro mixto de fácil comprensión).


En fin, es triste tener que comentar a idiotas. Lo único bueno es que hay gente lista que lo hace, podéis verlo aquí. Hasta en eso es malo, nos hace desperdiciar talento. En fin, os recomiendo al menos seguir a Monbiot en el Guardian

lunes, 23 de junio de 2008

los deberes de la izquierda

El mundo parece haber entrado en un periodo de convulsión.

La expansión global del capitalismo y del modo de vida occidental han coincidido con una situación similar a la de los albores del capitalismo: explosión demográfica, migración masiva a las ciudades (incluso entre los continentes), falta de alimentos por cosechas pésimas y especulación con los alimentos, encarecimiento de las fuentes de energía.

Los cambios de mentalidad e ideologías, por otra parte, nos descolocan y nos dejan sin asideros. La religión ha perdido su poder aglutinante en Occidente, pero en cambio en el Islam se ha transformado en una fuerza altamente destructiva. China, más pragmática, surge como una nueva potencia que pisa firme y sin complejos en el orden mundial.

Nunca hemos estado tan cerca de conseguir el bienestar para todos, y sin embargo, parece que la paz y la prosperidad se alejan de nosotros a pasos agigantados. Sísifo vuelve a perder su piedra, que rueda colina abajo. Otra vez el Narciso occidental se ahoga en el espejo de su complacencia.

Al parecer, Schlumpeter decía que el futuro del capitalismo era el socialismo. Al parecer, el capitalismo salió de las guerras mundiales convertido en otra cosa. Quisiera creer que esto es verdad, al fin y al cabo los años de la postguerra nos hicieron creer que era posible un pacto social en el que las masas populares pudieran acceder a algunos de los beneficios del progreso económico (sanidad, vacaciones, educación, pensiones, bienes de consumo…) sin ruptura de la sociedad. Pero no nos engañemos: los años de bienestar se basaban en una energía barata (petróleo, carbón, nuclear) y en unas materias primas que sólo Occidente podía y quería aprovechar. Los países pobres se conformaban con suministrarlas a los ricos. Incluso a arruinarse por su causa, con una deuda externa que sabe dios cuándo se acabará. Ya nada esto es así: miles de personas están entrando en el mundo del bienestar, y reclaman su parte del pastel. Todo sube, todo se compra, nada se queda quieto.

Bueno, sí: grandes masas de población sufren todavía hambre, deprivación, miseria, desigualdad. No es lógico que en Nigeria, campeón petrolero, se pase hambre. Ni que en Argentina haya miseria, siendo el granero de América. Nada de esto es justo, pero lo peor es que este sistema es capaz de seguir creando miseria en forma de exclusión económica y social en el primer mundo, donde nos creíamos a salvo.

En estas circunstancias, creo que toda la gente que busca una sociedad más justa y más fraterna (la izquierda por usar un término amplio), debe unirse, buscando formas y caminos para conseguir que el sufrimiento global ceda, y un día desaparezca en su forma actual. Supongo que debemos dejar de lado el fantasma revolucionario que heredamos de la Revolución Francesa (“llegará el día en que de pronto todo cambiará y lo hará para siempre”). Creo que será mejor trabajar en microutopías y miniproyectos, para poder evalular mejor, para no cometer los errores del pasado.
No hace falta decirlo, pero es preciso abandonar la cerrazón del pensamiento marxista y decir que aquí cabemos todos, hay sitio para todas las ideas que caminan en la misma dirección: un mundo en el que nadie muera antes de tiempo, en el que cada uno pueda llegar a su destino sin que otros le pongan la zancadilla. Un mundo cuyos frutos podamos distribuir y disfrutar entre todos, sin que la avaricia de unos o la ignorancia de otros lo alteren o destruyan sin remedio.

Podemos y debemos compartir un espacio con todos los que creen que el mercado y el dinero no lo son todo, y no resuelven todo porque su interés es el beneficio personal, no el colectivo. Porque en la vida hay más cosas que el consumir sin más horizonte.

Creo por eso que la izquierda así definida como mínimo común debiera emprender una confluencia en torno a algunos puntos que requieren respuestas:

- El acceso universal a una dieta suficiente.

- El acceso universal a una atención médica suficiente.

- Vivir en paz.

- Educación suficiente y extendida hasta aprovechar la capacidad de cada uno.

- Vivienda digna.

- Protección del medio ambiente

En entregas posteriores haré algunas consideraciones sobre aspectos concretos que se debieran abordar.

Ojo a la coherencia: digo que apuesto por las microutopías y empiezo por la paz universal. Vamos bien.